“No creo en eso”. Tres veces repite la frase mientras niega con la cabeza y descarta la posibilidad de que algún consultor extranjero le diga qué hacer, cómo hacer y qué decir en la campaña. Acostumbrado a manejar los hilos de la política, Alberto Fernández cambió su actitud corporal y ahora está en el centro de la escena: es quien genera y a quien rodean; a quien se acercan por fotos; es quien besa, estrecha manos y abraza y en la vereda de su oficina siempre hay grupos de gente esperando y algún auto estacionado y en marcha.
En sus charlas con intendentes le sugirieron que se muestre rodeado de gente común (más besos, más abrazos, más contacto directo) en lugar de asistir a actos políticos. Él hace ambas cosas. En el viaje a Uruguay del viernes desoyó consejos en contra y cruzó el Río de la Plata en el mismo barco donde alguna vez Axel Kicillof fue increpado. No hubo escrache para él excepto una mujer que le sacó una foto mientras le decía “No van a volver, chicos”. No respondió y en cambió charló con empleados y se tomó fotos con algunos trabajadores y pasajeros. También buscó fotos políticas: con el intendente de Montevideo y precandidato a presidente del Frente Amplio Daniel Martínez; con José ‘Pepe’ Mujica por quien tiene un afecto especial y con parlamentarios del Parlasur (varias mujeres entre ellas la cordobesa Cecilia Merchán), organismo que apoyará.
En ese mismo sentido, podría viajar a México invitado por el presidente Manuel López Obrador. La invitación es previa a la precandidatura. El mexicano le había pedido armar un grupo de líderes progresistas a cuya cabeza ahora se anotará él. Descarta por el momento una gira por el exterior: está convencido de que antes de hablar fuera del país tiene que recuperar confianza entre los argentinos. “Tenemos muchos problemas acá como para ir a convencer a otros afuera”, comenta.
La imagen de Fernández
El sábado por la mañana Alberto Fernández llegó a los estudios de Radio 10 en Palermo solo y manejando su auto. Con naturalidad asume el mando y lo hace hasta cuando le piden una selfie: toma el celular de la otra persona, sonríe a cámara, pulsa la pantalla y devuelve el celular a su propietario.
Fue el armador de Néstor Kirchner, de Sergio Massa y de Florencio Randazzo. Asegura que no va a confiar ese lugar a nadie por lo que planea ser su propio jefe de campaña. Lo dice sin pudor: “Es muy difícil que pueda confiarle la campaña a alguien, la idea, la conducción, será mía”. En un diálogo a solas con Infobae camino a Montevideo, su primer viaje como precandidato, aclara que escucha y escuchará a otros referentes. A Uruguay fue a buscar el consejo del ex presidente Mujica con quien habla de política y hasta de filosofía.
Alberto Fernández está todavía organizando su campaña, la estrategia y su agenda y delineando su discurso. Se resiste al márketing político y no quiere una campaña basada en las redes sociales aunque las tendrá que usar. Está convencido de que este año para los votantes vale más el ticket del supermercado que las noticias de los diarios o los tuits de los trolls. “Por eso está Macri”, se molesta y atribuye su presidencia a un trabajo con las nuevas tecnologías que para él no tienen correlato con la realidad. De todos modos al grupo de íntimos volvió Juan Pablo Biondi que coordina la comunicación mientras profesionalizan las fotos e imágenes que se toman y difunden a los medios y en todas las redes con el apoyo de Courel.
“No voy a hacer campaña por televisión”, avisa Fernández mientras intenta intercalar las apariciones en los medios con las recorridas. Por eso tal vez vaya a San Juan en la noche de este domingo invitado por el gobernador Sergio Uñac mientras que el próximo martes recorrerá el centro industrial de Garín y estará en la inauguración de un hogar de niños en Escobar. Lo acordó directamente con el intendente Ariel Sujarchuk que lo llamó a su celular para hacerle la propuesta.
