Retirará su camiseta número 20 para siempre.
La noche en que Manu Ginóbili se convertirá en prócer de la NBA

este jueves por la noche (a partir de las 19.30 en esta ciudad, 21.30 en Argentina) en olvidarse del resultado del partido que jueguen en el AT&T Center de San Antonio los Spurs y los Cavaliers? Seguramente lo hagan tan pronto como se apaguen por completo las luces del estadio. A partir de ese momento, la noche pasará a ser exclusivamente de un argentino. En la NBA. En la Meca del básquetbol.

En medio de un escenario en el que ningún argentino estaba llamado a ser. La camiseta número 20 de San Antonio será elevada al firmamento Spur para que nunca más pueda utilizarla otro jugador. Y el nombre de Emanuel Ginóbili estará ahí para toda la eternidad.

Las pasiones son distintas a las que se acostumbran en Argentina. En la zona céntrica del Downtown, a orillas del río Riverwalk o en las cercanías de la Torre de las Américas, el día parece ser uno más. El trajín de una jornada laboral de mitad de semana no se ve afectado y hasta por momentos parece incluso reinar la quietud.

Aquí la gente no va a trabajar enfundada en los colores negro y plata como podría suceder en Rosario, Córdoba, Avellaneda, La Boca o Núñez. Pero el sentimiento está y es fuerte. Muy fuerte. Basta con empezar a preguntar en las calles.

Varios de los argentinos que viajaron a San Antonio especialmente para el homenaje a Manu Ginóbili.
Foto: Agencia Kit

Serán quienes hoy hablen, con el francés como el primero en tomar la palabra, tal como hizo en el retiro de la camiseta de Timmy D. Antes, poco después del partido y cerca de la medianoche argentina, comenzará el momento mojón. Allí, cada uno de los asistentes se alborotará y a más de uno se le caerá el celular en su afán por sacarlo del bolsillo para atesorar ese momento. Saldrá Manu de la mano de su amor eterno, Marianela Oroño; llevará colgados también a sus tres soles: Luca, Dante y Nicola. Se sentará en una silla con los suyos a la izquierda y los otros símbolos Spurs a la derecha.

Escuchará discursos. ¿Llorará? Cuentan quienes pasaron las últimas horas con él que está muy movilizado. Por cortesía suya y de la franquicia, viajó más de un cincuentenar de familiares y amigos. Pese a ser un momento que preferiría haber evitado, una vez que se dio por derrotado aceptó el convite gustoso. Se dedicó a disfrutar el proceso y disfrutará esta noche de un homenaje que tal vez jamás vuelva a vivir un argentino.