La controversia por el dietazo del 80% que autorizó el presidente da la Cámara Baja, Martín Menem, enardeció a los militantes libertarios y opinión pública de cualquier color político. Los ánimos ya venían caldeados desde el exponencial aumento que se auto otorgaron los senadores a mediados de abril hasta llegar a los $8 millones en bruto.
Una vez más la proporción entre las tareas desempeñadas y los haberes percibidos quedó bajo la lupa crítica. Simultáneamente los indicadores salariales del RIPTE acaban de informar que la depresión salarial promedio de los trabajadores registrados frente a la inflación ha llegado al 12%.
Pero no es necesario ir hasta el Palacio del Congreso para encontrar este ejemplo distorsionado de prestación-contraprestación salarial. En la Casa de Piedra, se da una situación similar: aunque los diputados provinciales se niegan sistemáticamente a mostrar sus recibos de sueldo, es sabido por fuentes internas que el sueldo promedio de un diputado sin antigüedad era de $1.200.000 en febrero. Al estar atado a la variación salarial del resto de los trabajadores de la administración pública, ha tenido un incremento de 57,3% efectivo en el último trimestre (febrero 30% abril 10% y mayo 10%) se puede estimar cómodamente un salario en mano desde $1.887.000.

Fuente Jujuy al Momento
