El pequeño genio: la historia del jujeño que compite armando cubos mágicos en pocos segundos

El armado del cubo Rubik dejó de ser solo un juego para convertirse en un verdadero deporte mental a nivel mundial. Desde su creación en 1974, este clásico desafío dio paso a competencias oficiales donde los participantes buscan resolverlo en el menor tiempo posible, alineando cada color en su cara correspondiente.

En ese universo de concentración, práctica y velocidad, aparece la historia de Nicolás Algañaraz, un niño jujeño de 11 años que descubrió en el cubo mucho más que un entretenimiento: una pasión.

De una feria a las competencias

El primer contacto de Nicolás con el cubo fue casi casual. Su mamá le compró uno en una feria, sin imaginar que ese objeto marcaría el inicio de un camino lleno de desafíos.

“Me lo compré y cuando llegué a la casa mi hermano estaba ahí y me quiso enseñar. Ahí quise seguir intentando y hacerlo más rápido y más rápido”, recordó.

Ese interés inicial rápidamente se transformó en curiosidad y luego en disciplina. Con el tiempo, comenzó a investigar, practicar y perfeccionar sus movimientos.

Aprender solo y mejorar cada día

Nicolás empezó a jugar con el cubo a mediados de 2023. Desde entonces, su evolución fue constante. Para mejorar su técnica, recurrió a tutoriales y observó cómo lo hacían otros.

“El paso a paso lo aprendí viendo videos”, contó, demostrando cómo la práctica y la dedicación fueron clave en su crecimiento.

Además, explicó que no se trata solo de girar piezas al azar: “Se lo agarra de una manera especial para poder acomodarte mejor a todos los movimientos”, explicó.

De los primeros tiempos a competir

Su avance lo llevó a dar un paso más: participar en competencias. Ya estuvo en dos torneos, donde fue mejorando sus marcas.

En su primera experiencia logró un tiempo de 45 segundos, mientras que en la siguiente, en octubre del año pasado, consiguió bajar a 35 segundos.

“Fui mejorando”, dijo con simpleza, reflejando el esfuerzo detrás de cada segundo que logró reducir.

Un talento que sigue creciendo

En una demostración en vivo en Todo Se Ve, Nicolás logró armar el cubo en 1 minuto y 16 segundos, dejando en evidencia su habilidad y concentración.

Pero más allá de los tiempos, su historia es la de un niño que encontró algo que lo apasiona y decidió ir por más. Desde aquel primer cubo comprado en una feria, hoy sueña con seguir mejorando y superándose en cada intento.

Por todo jujuy

Tiene 12 años, ya terminó la primaria, la secundaria e hizo una maestría en biología molecular

Ian Emanuel González Santos tiene 12 años y ya terminó la primaria, la secundaria, la preparatoria e hizo una maestría en Biología molecular. Ahora piensa cómo seguir.

El joven mexicano, fan de Cristiano Ronaldo, el parkour, la música y los videojuegos, tenía conocimientos de química, microbiología, hematología, biología y molecular desde que era muy pequeño.

Por este motivo vio con buenos ojos ingresar en la licenciatura en Químico Farmacéutico Biólogo del campus de exactas de la Universidad de Guadalajara. Pudo hacerlo con ayuda de su madre, Sandra Santos, quien hizo todo lo posible para que pudiera cursarla al mismo tiempo que la maestría.

Su elevadísimo coeficiente intelectual le permitió poder hablar casi como un adulto a los 18 meses, aprender a leer a los 3 y a terminar el colegio y la preparatoria con 9.

“Participé también en concursos de química en general, gané el primer y segundo lugar y en ese punto dije: necesito aprender más y profundizar; acredité todos mis grados y empecé a buscar una carrera que tuviera todas estas ramas involucradas”, contó Ian.

SU NUEVO OBJETIVO
¿Qué es lo que sigue? Junto a un académico de su campus, el pequeño genio trabaja en una investigación cuyo objetivo principal es degradar el plástico PET con ayuda de una bacteria para, de este modo, poder mejorar el medio ambiente.

El Polyethylene Terephthalate, conocido como PET, es un polímero plástico que se elabora a partir de un proceso de polimerización de ácido tereftálico y monoetilenglicol. Se fabrica en diferentes formatos y puede transformarse mediante distintos procesos de extrusión, inyección e incluso por termoformado.

El PET es uno de los termoplásticos más rígidos y resistentes, siendo la transparencia y la cristalinidad una de sus características más preciadas.

“Me estoy esmerando mucho para que esto dé frutos y también para poder apoyar en algo a la humanidad”, afirmó el niño.

Además, Ian sueña con tener un artículo publicado -aunque sea como ayudante de investigador- y quiere hacer un doctorado para desarrollar una investigación relacionada con el envejecimiento celular prematuro y la prevención de enfermedades




“Me gustaría ingresar a un doctorado. Estoy buscando la mejor opción y también ser un atleta de alto rendimiento e incluso llegar a unos Juegos Olímpicos. Me encantaría”, sostuvo.

UN PASADO DIFÍCIL
El peso de su inteligencia lo notó en el colegio. Sus compañeros le hacían bullying y los profesores no respondían sus inquietudes o no tenían los conocimientos que él requería.

Sandra, su madre, contó: “Enfrentarse a todo eso fue agotador, todo un reto para mí, porque él sufría. Entonces, no tenía ningún sentido que él asistiera a una escuela que no le proporcionaba ningún tipo de conocimiento”.

Por este conflicto, la familia se mudó de Puerto Vallarta, la ciudad natal de Ian. “Ahora es un niño feliz, un niño pleno”, afirmó la madre del chico.

DE CIENTÍFICO A ATLETA DE ALTO RENDIMIENTO
Otra de las pasiones de Ian es el deporte.

Entrena 80 y 150 metros llanos en atletismo y espera alguna vez poder competir en los Juegos Olímpicos.

Se ejercita de 3 a 4 horas diarias, lo que es “sumamente pesado y agotador”. Sin embargo asegura que exigirse de ese modo le da frutos.

Fuente: Clarín.