El pueblo jujeño exige justicia por sus víctimas: en solo 21 días hubo tres femicidios en Jujuy

En apenas de tres semanas, Jujuy fue escenario de una serie de femicidios que conmocionaron a toda la provincia. El primero ocurrió el 3 de mayo en Pampa Blanca, donde Angelina González fue asesinada por un hombre que la acosaba. El segundo, apenas 8 días después, tuvo lugar en Alto Comedero el femicidio de Paola Vargas, acuchillada por su pareja, quien luego intentó incendiar la vivienda y se quitó la vida. El tercero sucedió el 24 de mayo en Fraile Pintado, Tamara Fierro fue hallada calcinada y se confirmó su identidad mediante pruebas de ADN.

Cada caso reavivó el dolor de las familias y también de una sociedad que vuelve a preguntarse cuánto más se puede soportar. “No queremos seguir sumando un nombre más. En Jujuy hay tanto feminicida que duele, y duele mucho el corazón”, expresó con crudeza Mónica Cunchilla, madre de Iara Rueda, la adolescente asesinada en Palpalá en septiembre de 2020. Su voz, cargada de dolor y lucha, se volvió símbolo del reclamo de justicia que atraviesa los años.

Los testimonios de las madres de las víctimas vuelven a poner en el centro de la discusión la respuesta estatal y judicial ante las denuncias de violencia. En el caso de Angelina, la familia asegura que hubo demoras en recibir la denuncia por desaparición. En el de Tamara, sus allegados afirmaron que fue vista por última vez entrando al domicilio de un hombre que luego fue detenido con signos de haber estado en una pelea. “Estoy segura que esa fue la lucha de mi hija por salir de ahí”, dijo entre lágrimas su madre.

Las similitudes con lo vivido en 2020 son inevitables. Aquel año, entre el 8 de septiembre y el 10 de octubre, se produjeron cinco femicidios: Cesia Reinaga, Iara Rueda, Roxana Mazala, Gabriela Cruz y Nair Álvarez. Aquellos 40 días oscuros marcaron un antes y un después en la conciencia colectiva de la provincia. Hoy, ese dolor parece volver, como una herida que nunca cicatriza.

Mientras los casos avanzan en la Justicia y las investigaciones siguen su curso, los familiares de las víctimas piden acompañamiento, contención, celeridad en los procesos judiciales y políticas reales de prevención. “Queremos que se termine, no queremos más mujeres muertas. Que no quede ninguna madre más con el corazón destrozado como el nuestro”, sostuvo una de las madres.

Fuente: Somos Jujuy

Una madre buscó sin cansancio a los asesinos de su hijo y logró que los detuvieran

Verónica Portillo dice que las promesas hay que cumplirlas. Por eso, cuando el Tribunal Oral en lo Criminal de Lomas de Zamora condenó a Kevin Benítez (22) y a Mauro Valdez (24) a la pena de prisión perpetua, ella le gritó a Nahuel Navarro, su hijo, que había logrado cumplir su promesa

¡Hijo, yo te prometí que iba a hacer justicia por vos! ¡Y hoy te lo cumplí!“. Luego, sus ojos dejaron de apuntar hacia el techo y se fijaron en el banquillo de los acusados. Se descargó: miró a los asesinos y los insultó, para sacarse la bronca, el dolor y los nervios acumulados durante los más de cuatro años y medio que tardó en cumplir su promesa. 

Ahora pasaron varias horas de la condena y, mate de por medio, Verónica recuerda que se lo había jurado en el velatorio, justo antes de que cerraran el cajón. “Cuando liberaron a los asesinos (entre 2017 y 2018), sentí que la investigación no iba a repuntar. Y hoy tengo una perpetua. Creo que la luché bastante… muchas mañanas me costó levantarme de la cama. Pero entendí que si no me levantaba, no iba a cumplir mi palabra. Y ahí me levantaba. Creo que si no me movía, el caso hubiese quedado en la nada”. 

Madre del Dolor. Foto Lucía Merle

A Nahuel lo asesinaron en la noche del 10 de junio de 2017. En lo que serían sus últimos minutos, se encontraba con un amigo en la manzana 12 del Complejo habitacional de Don Orione, en Claypole, partido de Almirante Brown. Vivía junto a Verónica y sus dos hermanas en la Manzana 31. Fue víctima de un asalto. Valdez, Benítez y un menor de edad se acercaron y le robaron un camperón y su teléfono celular. Para hacerlo, lo hirieron con un arma blanca. En el pecho.

Durante semanas, Verónica no recibió novedades de la fiscalía ni de la comisaría 8va. de Don Orione. Entonces, decidió comenzar su investigación. Buscar por su cuenta. Hacer lo que solo haría una mamá. Lo primero que hizo fue recorrer pasillos y manzanas más conflictivas del complejo.

Con esa información, reunió tres nombres y tres perfiles de Facebook. Del menor, de Valdez y de Benítez. También el de Pamela, una vendedora de drogas de la manzana 12. De ella, además de su identidad y dirección, averiguó su número de teléfono. Presentó todo en fiscalía y, entre otras medidas, intervinieron el teléfono de la mujer.

Verónica siguió haciendo cosas. Creó perfiles falsos de Facebook para hablar con los imputados, se hizo pasar por una interesada en la vivienda en venta de uno de ellos. El problema era uno solo: tenía a varios vecinos que habían recreado la noche del asesinato. Pero nadie quería declarar. Y si no lo contaban en la fiscalía, no tenían validez.

Con el paso del tiempo, fueron apareciendo testigos que se animaron a declarar. Todos convencidos por Verónica, que se tomaba el trabajo de buscarlos y acompañarlos hasta la sede judicial. Lo hacía fuera de su horario laboral: trabajaba en una cooperativa y cuidaba abuelos.