Terminó la primaria a los 84 años y ahora se anotó para comenzar la secundaria

Rita Iris Neri Suárez vive en Córdoba, y en estos días la acompaña su hija, Teresita, con quien pasó las fiestas, y juntas celebraron que cada día está más cerca de cumplir su sueño. Con tenacidad y esfuerzo, rehízo la escuela primaria durante el 2022 y en marzo comenzará la secundaria. En una cálida charla cuenta que siempre le gustó estudiar, pero por diferentes motivos durante su infancia se fue haciendo cada vez más difícil lograr la meta.

En los años 40′ fue auna escuela rural de Río Primero, donde además de ir a aprender ayudaba con la limpieza del lugar. “Nuestra casa era muy humilde, y vivía con mis padres y mis cuatro hermanos varones”, describe sobre la niñez que vivió, donde a pesar de las adversidades, siempre encontraban una solución creativa. “Cuando era chica teníamos un solo libro que usábamos uno de mis hermanos y yo al mismo tiempo, pero nos arreglábamos; teníamos lapicitos chiquitos y había que hacerlos durar porque no se podía comprar otros”, expresa.

“Si Dios así lo permite, y no tengo dudas, me inscribiré para el año 2023 para seguir los estudios secundarios. Primero, con mi propia decisión, y segunda, la de mi familia, de mis hijos, y de mi querida seño. Con el lema ‘Nunca es tarde’, así podré decir: ‘He logrado el sueño deseado’, culmina el escrito donde volcó sus sentimientos, después de ser considerada ciudadana destacada de Luque, y de que el propio intendente fuera a felicitarla en persona por el ejemplo que brindó con su constancia, don de gente, y el deseo de progresar.

 “A veces me preguntaba por qué no me pasó antes, pero soy alguien muy creyente, y creo que son los destinos de cada persona, así que este tenía que ser mi momento” “A algunos chicos de ahora no les gusta estudiar, y no saben lo que se pierden, porque tienen todas las oportunidades, y no hay que dejar pasar el momento”, aconseja desde el corazón.

Asegura, además, que ahora se siente con más confianza para empezar el secundario a mediados de marzo, y ya se inscribió en el mismo colegio para comenzar ese desafío.

Perdió a su hijo y a sus papás en pandemia, siguió y se recibió de profesora

En 2021, Rocío Barberá vivió el peor año de su vida luego de que el coronavirus se llevara a sus padres con un mes de diferencia y poco después, falleciera su hijo que padecía parálisis cerebral. Pese al profundo dolor que le tocó transitar, el 17 de diciembre rindió su última materia para recibirse de profesora.

En diálogo con Los Andes, la mujer de 32 años recordó: “Mi mamá estaba llena de temor al contagio pese a que era una mujer joven, de 64 años. El proceso fue difícil y aún mucho más cuando cayó enfermo también mi papá. El deterioro y la involución se dieron sin prisa ni pausa pese a todos los esfuerzos del personal de la clínica, que estuvieron presentes en todo momento desde lo humano y lo profesional”.

Luego, a los días murió su papá, Daniel, también víctima del coronavirus. Sin embargo, la pesadilla de Rocío no terminó ahí, ya que en noviembre, su hijo, Valentino, de 12 años, que sufría un daño cerebral desde su nacimiento, se descompensó y falleció el 11 de ese mes. En ese sentido, la profesora se sinceró: “De vivir con ellos tres, que eran mi razón de existir, quedé sola. Fueron tres golpes muy duros, difíciles de sobrellevar: sentí que ya no tenía por quién seguir luchando”.

En medio de la tristeza y el dolor por haber perdido a las tres personas más importante de su vida, Rocío se puso de pie y decidió retomar la carrera que había iniciado hace tiempo. “Cinco meses después, cuando quedé absolutamente sola, me di cuenta de que debía levantarme solo por mí. Era la única responsable de mi destino”, explicó.

En ese contexto, la profesora reflexionó: “Siempre había soñado con salir del examen y abrazar a mis padres, agradecerles y darles la alegría de la meta cumplida. Ellos fueron pilares fundamentales para que pudiera criar a Valentino, que sufría múltiples dificultades. No se me dio, pero en cambio estuvieron mis hermanos, sobrinos y amigos de fierro que supieron apoyarme desde el primer momento”.

En cuanto a la internación de su madre, Rocío agradeció al personal de la Clínica de Cuyo. “Quisiera destacar el gesto del personal de ese hospital, que movió todas las camas y ubicó a mis padres juntos. Mi mamá estaba en coma farmacológico y mi papá no le quitaba la mirada de encima. Finalmente, ella se fue el 10 de mayo y él la siguió el 2 de junio. Los médicos y enfermeros les habían tomado mucho cariño, especialmente a mi padre, un tipo muy educado y amoroso que había logrado un vínculo extra-profesional”, completo.

El currículum de su vida: lo escribió a mano hace un año, encontró trabajo y ya ascendió

Carlos Duarte trabaja en una enorme fábrica de vidrios. La más grande del país. Tiene 21 años y es cordobés. Y gracioso y carismático. Pero no. No es el Charles Chaplin de Tiempos Modernos con soundtrack de La Mona Jiménez.
En unos días se cumple un año de su primer día de trabajo. Formal. En blanco. Algo que, como había dicho a Clarín en septiembre de 2018, ningún otro Duarte -al menos, de su linaje cuartetero- logró jamás.
Él es “el chico que escribió su CV a mano porque no tenía plata para imprimirlo”. Carlos no es una fake news electoral para hablar de desempleo. Pero sí es un viral. Un viral que toma Fernet y hace “asadazos”.

Desde el muro de Facebook y el Instagram de Eugenia López, la empleada de una confitería del centro de Córdoba que recibió la “impresentable hoja” de Carlos -como se excusó él al dársela-, su historia llegó hasta a los diarios de Asia, como The Indian Express. Carlos tampoco es un Avenger. No es un héroe de Marvel, con un “CV” brillante en el pecho. Pero su voluntad -la de patear horas para entregar esos curriculums “artesanales”- sigue inspirando a todos. Carlos no vuela. Pero ascendió. No tiene poderes. Pero genera empatía.

Hoy están juntos con Clarín donde se conocieron. En el mismo lugar en el que luego él la estaría esperando a ella. Con camarógrafos y cronistas.

El CV escrito a mano. Carlos no tenía plata para imprimirlo.

El CV escrito a mano. Carlos no tenía plata para imprimirlo.

“Avancé bastante. Aprendí un montonazo. Muchísimo. Pasé a cargar vidrios a la lavadora. Que es donde pasa el vidrio y después pegan el marco que antes salaba yo. Ya tengo Categoría 2“, cuenta.

¿Qué significa? “Arranqué como operario base, categoría 1, y ya pasé a donde estoy hoy. Es otra responsabilidad.” Después de los cuatro meses de trabajo, el jefe de planta de Vidrios Piazze, Christian Trivieri, debe evaluar el ascenso. “Es según lo que aprendas. Y de las referencias que dejen sobre vos los jefes de sectores. O esa me tiraron, para hacerme sentir bien”, dice entre risas. En la fábrica hay 5 categorías.

Carlos Duarte en su primer día de trabajo (Foto: Daniel Cáceres)

Carlos Duarte en su primer día de trabajo (Foto: Daniel Cáceres)

─En tu primer día de trabajo habías dicho que entrabas a la fábrica sin saber “qué era un vidrio”. ¿Ahora ya sabés en qué sos bueno dentro de este rubro tan preciso?

─Qué difícil… todavía me quedan muchas cosas por aprender. No les quiero faltar el respeto a los que de verdad saben del oficio. Pero digamos que soy bueno en ponerme las pilas pensando ‘qué puedo hacer para subir a la próxima categoría’. Porque gano más plata y puedo seguir ayudando en casa.

Cuando Eugenia cumplió 40, el 13 de marzo, entró con un ramo de flores a la confitería. Fue una sorpresa para ella, como la llama, su “salvadora viral”.

Carlos no es bueno cuidando celulares. El que tenía hace un año -ese “tan viejo que tenía que encender metiéndole un palito”, y desde el que les contaba su historia a periodistas de El País, de España, o de Perú- “llegó un momento que no pudo más”. Compró uno “baratito” y no aguantó una caída. A otro lo perdió. “Ahí dije ’ya está. No me compro ninguno más’”. Pero sucumbió al encanto móvil. Al de ahora, dice, le va a poner “un colchón” en vez de una fundita.

“Estoy más maduro”, dice al pasar. Sigue siendo puntual. Aunque “una vez me quedé dormido y llegué tarde”, apunta. Carlos tiene horarios rotativos. Antes tenía que levantarse a las 4.30 y tomar dos colectivos para llegar a las 6 de la mañana. Pero ahora se compró una moto. “Le meto y en media hora estoy en la fábrica. Sólo para llegar a laburar la compré”.

Su papá acaba de tener un bebé. Así que dejó de ser el más chico de la familia. También de la fábrica. “Entraron muchos del PPP”, cuenta. Habla del Programa Primer Paso, que promueve el gobierno de esa provincia para facilitar la transición hacia el empleo formal de jóvenes. “Se acercan a preguntarme cosas. Que cómo se me dio por hacer eso (escribir los curriculums a mano). Que cómo me sentí cuando todo se viralizó. Que cómo estoy después de todo este tiempo.”

Antes de toda esta fama viral. Eugenia ya era experta en curriculums. “Soy un filtro”, dice ella. Al estar en la caja de la confitería donde trabaja, recibe todos los papeles.

“Algunos vienen con la hoja hecha un bollo. Leo y veo que tienen 18 años. Los entiendo y la estiro. Otros ven que estoy atendiendo a un cliente y no les importa nada: ‘te dejo mi currículum’. Te interrumpen. Carlos vino un 21 de septiembre. El local estaba lleno. Esperó a que atendiera al último y ahí recién se acercó”, recuerda.

Carlos Duarte, en la fábrica de vidrios donde trabaja. Entró hace un año y ya ascendió.

Carlos Duarte, en la fábrica de vidrios donde trabaja. Entró hace un año y ya ascendió.

─¿Cómo estás un año después de tu primer día de trabajo?

Estoy más maduro, más responsable. Antes no, para nada. Cambiaron mil cosas en mí mismo. Pienso en qué pasaría si pierdo el trabajo. Es que esto me sigue cambiando la vida. Me imagino proyectos a futuro. Quiero cumplirlos. Quiero tener un mañana.

El primer proyecto a cumplir: la casa propia. Lo dice y se emociona. Este diario conoce muy bien cómo se le ponen los ojos antes de la primera lágrima. Es que en Carlos, detrás de tanta sonrisa -y ahí sí como Chaplin- también hay algo de tristeza. Una historia familiar difícil, que prefiere reservar. “Quiero retribuirles a quienes me ayudaron. A Euge, la número uno.”

“Es verdad que Carlitos está más maduro. Te podés dar cuenta con lo de recién. Desde la puerta de la confitería le preguntó a una compañera si podía pasar para esta entrevista. Hace unos meses, hubiese entrado a los gritos: ¡Buenaaaas! ¡¿Qué hacés Euge?¡ ¡¿Cómo estánnn?!. Es como mi hijo. Además lo veo más lindo. Cuando vino a traerme las flores, una señora lo llamó a la mesa y le preguntó si quería ser modelo. Imaginate. A este pendejo no lo para nadie”, dice.

Hace 5 meses conoció a Brenda, de 18, en la casa de un amigo. Hace 3 empezaron a salir. Noviazgo formal. “Nos pusimos de novio rápido. Como para no perder la emoción”, dice. Y ríe.

Concentrado. Carlos Duarte ahora se compró una moto para llegar más rápido a su trabajo. Y ya sueña con su casa propia.

Concentrado. Carlos Duarte ahora se compró una moto para llegar más rápido a su trabajo. Y ya sueña con su casa propia.

Carlos ni siquiera deja de sonreír al hablar de los horarios rotativos en la fábrica. “Todos tienen un beneficio. De mañana: te queda toda la tarde para vos. Pero te levantás a la mañana tempranito, que es muy difícil. A la tarde: tenés la mañana para hacer cosas, trámites. A la noche también está bueno, porque ya no voy al baile. Pero en la línea donde estoy yo no piden mucho a la noche.”

Aunque Eugenia aún no recibió el abrazo de Abel Pintos, su ídolo, -que es lo que Carlos intenta conseguirle-, a partir de lo qué pasó con el CV ella empezó a ser “guardiana” de otros. Cómo de Angelo, el chico de 12 años que estudia inglés en una peatonal de Córdoba con 4 grados y se sacó 9.50. “Ya está a punto de empezar la beca para estudiar mecánica en la escuela Fiat o Renault”, informa la “guardiana”.

Un año atrás, en la confitería donde trabaja Eugenia. Acá se conocieron.

Un año atrás, en la confitería donde trabaja Eugenia. Acá se conocieron.

Si los lectores de Nueva Delhi vieron a Carlos como la versión no ficcional de Jamal Malik, el chico de 18 años que responde preguntas en la película india “¿Quién quiere ser millonario?“, ¿Cuánto falta para que Carlos Duarte esté frente Santiago del Moro? Al igual que el héroe de ese film, que ganó el Oscar, Carlos usó su ingenio y ganó una fortuna viral. Ese es su poder. La reacción empática.