Asesinado a machetazos: para la Justicia, estaba drogado el hombre que mató a Benjamín Gamond

Para la Justicia, el joven que asesinó a Benjamín Gamond en México estaba drogado al momento de la agresión con un machete.

Esta hipótesis fue anunciada por el fiscal general de Oaxaca, Bernardo Rodríguez Alamilla, en una conferencia de prensa que se llevó a cabo después de la audiencia de formalización de cargos.

En este sentido, Cruz Irving Martínez Flores de 21 años sigue detenido y con prisión preventiva por los delitos de homicidio calificado y lesiones contra Santiago Lastra y Macarena González.

“Sabemos que las víctimas llegaron el 11 de mayo a esa zona de la costa, buscaban instructores para practicar surf y en ese proceso, tuvieron un primer contacto con el imputado”, señaló el fiscal.

Además, explicó cómo fueron las horas previas de los tres jóvenes argentinos: “Se hospedaron en una cabaña y cambiaron de lugar al día siguiente. Logramos establecer que el 12 de mayo, alrededor de las dos de la tarde, fueron a comer, y allí se cruzaron con el atacante”.




Con esta revelación, el fiscal sigue por el camino que había notificado Fernanda González, mamá de Macarena, ante la prensa. Allí sostuvo que los chicos y el agresor se conocieron en la lancha con la que los chicos llegaron a la ciudad de Oaxaca y fue en ese cruce cuando el joven de 21 años le dijo que era instructor de surf.

Al día siguiente de ese encuentro, Fernanda señaló que las víctimas llegaron a la playa y mientras comían, Benjamín vio a Flores y se acercó: “Él los miró como si no los conociera, como sacado; entonces ‘Benja’ se fue y les dijo a los chicos ‘Me habló raro, como si no me conociera’”.

Segundos después el atacante se acercó por la espaldas de Benjamín y al grito de “¡a vos te mandaron!” comenzó a agredirlo con un machete.

El joven de 23 años sufrió dos profundos cortes en la cabeza, con fractura de cráneo y varias heridas en el rostro. Murió el lunes en el Hospital Central de la Ciudad de México luego de haber sido trasladado horas antes.

Ahora la familia busca dar sus órganos y poder traer de vuelta el cuerpo del joven a la Argentina: “Vamos a intentar donar sus órganos porque esa era la voluntad de mi hermano y de la familia. Ha entrado en un proceso para poder hacerlo porque las condiciones para eso están dadas”, comunicó Marcos Gamond, uno de sus hermanos.



Un ingles le escupió en la cara a un ex combatiente argentino que viajó a las Malvinas

Un grupo de 20 excombatientes correntinos visitó las Islas Malvinas y durante la experiencia pasaron por una montaña rusa de emociones pero también debieron soportar humillaciones y desprecios por parte de los ciudadanos ingleses que viven allí, incluyendo un escupitajo que recibieron mientras estaban esperando un colectivo.

“Al tercer día, cuando un grupo de los muchachos estaba esperando un colectivo, pasó un hombre de casi 40 años que hizo unos metros, volvió sobre sus pasos y, sin decir nada, escupió en la cara a uno de ellos“, relató sobre aquel momento el periodista Daniel Toledo, de Radio Sudamericana, quien acompañó a los soldados durante el viaje. 

Con respecto a ese momento, Toledo sostuvo que “ellos se quedaron mal, con bronca contenida, paralizados prácticamente”, porque no esperaban recibir provocaciones sin haber hecho nada como para recibirlas. “Esas cosas son así. Hay un mal ambiente”, remarcó.

De todas formas, el periodista relató que, una vez arriba del colectivo, la historia llegó a oídos del chofer, oriundo de Chile, y este los ayudó para dar aviso a la Policía de lo que había ocurrido.

“Un día más tarde se localizó a la persona, se lo encontró en el aeropuerto porque era uno de los que despachaba las valijas. Llegó la Policía al hotel y, aparentemente, la causa quedó en manos del fiscal“, explicó Toledo, aunque con desanimó aclaró que “no cree que pase nada”.

Los argentinos no somos bien mirados allá, pero tampoco hay contacto con los isleños, salvo en el hotel o en algún supermercado”, aclaró en comunicador de Radio Sudamericana, aunque explicó que “por lo general son gente de Chile, de Perú, pero no son nativos de Puerto Argentino”.

A su vez, agregó: “Son absolutamente celosos tanto para ingresar como para salir de las islas. El avión de regreso salía a las 3 de la tarde y nos hicieron estar a las 9 de la mañana en el aeropuerto por la revisión de valijas. Te sacan todo, hasta lo más inofensivo. No te dejan llevar ni un poco de tierra“.

“No hay nada argentino, absolutamente nada”, sostuvo el periodista y, además, reveló que una vez allí les pidieron ocultar todo elemento que los identificara como argentinos. “Nos pidieron que nos saquemos todo elemento alusivo al país, nada es permitido. Hay que andar con cautela y cuidado, da sensación de que se está siendo monitoreado”.

Un argentino inventó un aparato para pagar menos la luz: cómo funciona

En el verano de 2016, en medio de una crisis energética con cortes de servicios y anuncios de próximos tarifazos, Claudio Figuerola, un ingeniero en sistemas y emprendedor, comenzó a investigar el ahorro energético. Junto al diseñador Gabriel Cacosso, hicieron un video y lo mandaron al concurso de emprendedores de la Confederación de la Mediana Empresa (CAME).

Su proyecto fue ganador en la edición de ese año en la categoría “soluciones para eficiencia energética”.

Figuerola junto a el Grupo Esfera, la desarrolladora de software, desarrollaron Wabee, una unidad de negocio dedicada a la eficiencia energética. Así fueron puliendo un mvp (producto mínimo viable) y comenzaron a comercializarlo en dos versiones, una hogareña y otra comercial e industrial, según informó Iprofesional.

El sistema no reemplaza al medidor eléctrico de las distribuidoras de electricidad, pero aporta al usuario información relevante para ahorrar en su consumo. Consiste en un dispositivo IoT (internet de las cosas) que se instala en el interior de cualquier tablero eléctrico y tiene el tamaño y el aspecto de un router

“Mediante una conexión wifi, recolecta y envía datos de parámetros y consumos eléctricos a la nube, donde son procesados, identificando patrones y aquellos sistemas y dispositivos con mayor consumo en organizaciones y edificios”, explica Figuerola al medio.

Los datos pueden verse en forma de gráficos en la pantalla de la computadora o el celular, y en caso de que un electrodoméstico o máquina esté consumiendo más energía de lo estipulado se disparan alertas.

“Es importante hacer visibles los consumos energéticos, para empezar a ahorrar y ser más eficientes, sobre todo en el actual contexto de crisis energética y climática”, destacó el emprendedor.

En Argentina el sector Energía representa el 53% de las emisiones de gases de efecto invernadero, según un estudio de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER).

El costo del dispositivo para comercios e industrias es de unos u$s 450, más un fee por mantenimiento, dependiendo de la cantidad de empleados o usuarios.

“Estamos pensando abrir una filial en Uruguay, ya que desde aquí se complican los pagos internacionales”, resaltó el emprendedor y añadió: “Nosotros importamos componentes para armar aquí los dispositivos y exportar nuestras soluciones de valor agregado”.

Jubilado salteño chocó en Bolivia y murió: no lo atendieron por tener pesos argentinos

El caso de Alejandro Benítez es una muestra de la desigualdad de trato que existe para los argentinos en el vecino país de Bolivia. Fue un docente técnico de Salta, muy querido en General Mosconi donde vivía, y se topó con la muerte de la manera más injusta mientras recorría el vecino país

Hace un tiempo que Benítez se había jubilado y, para aprovechar sus días de descanso, decidió atravesar la frontera y recorrer pueblos bolivianos en su motocicletaEn una de las rutas fue chocado por un camión y ese fue el inicio del fatal desenlace

Una vez ocurrida la desgracia, los amigos del viajero llamaron a emergencias. Lejos de ocuparse, el personal médico que lo asistió no quiso llamar a la ambulancia para que lo trasladen a otro centro de mayor complejidadEl mosconense permaneció por más de una hora tirado en la cinta asfáltica y otra hora en una sala de primeros auxilios precaria, consignó El Tribuno.

Por tener pesos y no bolivianos

Según contaron testigos, los médicos le exigían que abonaran previamente los gastos de emergencias y uso de una ambulanciaQuienes estaban con Benítez al momento del accidente intentaron pagar la suma que les exigían, pero sólo tenían plata argentina, la que no recibieron los “profesionales”

Ante la urgencia, fueron a buscar una casa de cambio y no la consiguieron. Ese tiempo sin atención médica fue clave para el deceso del salteño

No le dieron sus cosas

Los policías que intervinieron en el accidente secuestraron la motocicleta del docente mosconense y todas sus pertenencias, entre las cuales lo más posible es que haya habido dinero además de documentación, que los policías bolivianos nunca le restituyeron al grupo de motociclistas que vivió momentos de gran angustia al ver morir al compañero.



El genio argentino becado por 300 mil dólares en Stanford, la universidad que solo acepta al 5% de sus aspirantes

“No sé qué va a pasar, preparate para todo”, le dice Lisandro Acuña a su gran amigo Gonza. Es la mañana del 15 de diciembre del 2021, el día con el que soñó durante cuatro años, el día en que la Universidad de Stanford anunciará quiénes serán los alumnos que superaron las exigentes pruebas de ingreso para el 2022. Es casi una utopía ya que no solo busca que lo acepten sino que está detrás de una beca de 300 mil dólares para poder viajar y vivir en la casa de estudios californiana.

En la charla con su amigo ambos sufren con la desesperante espera. Hay una hora estipulada en que el resultado será publicado: las 21. Lisandro tendrá que conectarse en ese momento exacto, ni un minuto antes, para saber qué será de su futuro. Pero antes de eso, deberá superar las angustiantes horas previas y Gonza será clave para que las agujas del reloj salgan del centro de escena.

El mejor amigo de Lisandro llegó por la tarde, pero no fue en bici porque: “Si no entro tal vez te pido que te vayas, te pago el Uber y listo”. Caía el sol y empezaban las horas más largas de la interminable cuenta regresiva. Había que buscar distracciones para que la ansiedad no le comiera el corazón a este adolescente ilusionado.

A los 8 años Lisandro conoció su pasión por las matemáticas. Foto: Varkey Foundation.

“Cociné una torta, fuimos a caminar, y a las ocho de la noche le dije: ‘Che ¿te jode si me voy a dormir?’. Yo ya no daba más de los nervios, necesitaba que pasara esa última hora rápido. Desaparecer y que se hagan las 21″, contó Lisandro a Clarín sobre el momento en que la tensión ya era ineludible.

– ¿Pudiste dormir?

– No, me acosté a las ocho y al ratito me desperté y le dije: ‘¿Qué hora es?’ Eran las ocho y diez. Estaba loco.

Faltaban todavía unos 50 minutos para que se conociera el desenlace de un sueño que había comenzado allá por 2018 y parecía imposible de cumplir por dos motivos. Por un lado la exigencia académica de una universidad de elite mundial. Por el otro, la cuestión económica. El chico de Villa Pueyrredón necesitaba una beca de 80 mil dólares por año para cubrir solamente los costos de Stanford.

Lisandro necesitaba una beca de 80 mil dólares por año para poder estudiar en Stanford. Foto: Varkey Foundation.

Lisandro necesitaba una beca de 80 mil dólares por año para poder estudiar en Stanford. Foto: Varkey Foundation.

Pero el filtro de la prestigiosa Stanford no termina en el dinero y los conocimientos. Cada aspirante es analizado en profundidad para ver si cumple los requisitos para ser uno de sus alumnos. Tener los dólares y las calificaciones exigidas no garantiza el ingreso y solo el 5% de los estudiantes que aplican logran entrar“Si alguien te dice que entró a Stanford es porque algo bien hizo”, resume Lisandro.

Historia de una pasión

Lisandro tenía 8 años cuando se enamoró de los números. Escapó de una clase de natación y, mientras esperaba que sus padres fueran a buscarlo, aceptó la invitación a participar de un taller de matemáticas. Desde entonces no paró de buscar desafíos. “A los 12 fui a mi primer competencia internacional, con gente de toda Latinoamérica, gané la medalla de plata”, cuenta sobre su logro en la Olimpiada Rioplatense.

A los 12 años, medalla de plata en la Olimpiada Rioplatense. Foto: Varkey Foundation.

A los 12 años, medalla de plata en la Olimpiada Rioplatense. Foto: Varkey Foundation.

Desde niño se preocupó por diagramar su camino académico. Con apenas 10 años se paró frente a sus padres, cristianos muy practicantes, para decirles que quería estudiar en la ORT (un colegio laico con orientación judía). A su vez, en esta familia de clase media trabajadora, el dinero no alcanzaba para pagar la costosa cuota y debían buscar la forma de conseguir una beca.

Fue algo difícil porque mis viejos son muy muy creyentes y cuando les vine con la idea fue una situación extraña. Pero vieron que yo tenía un interés muy genuino en ir y aceptaron apoyarme para tratar de conseguir la beca porque no lo podíamos pagar”, recordó Lisandro.

Stanford apareció en su vida casi de casualidad. “Me enteré que un amigo más grande había entrado en esa universidad, y le escribí para preguntarle cómo era eso porque nunca me había planteado una situación así para mi futuro”. De esa charla surgió todo lo que se vendría después: “Me gustó mucho la idea y de ahí en adelante me quedé con esas ganas”.

La universidad que está estratégicamente ubicada cerca de Silicon Valley, la Hollywood de la tecnología, pasó a ser su gran objetivo. Para cuando Lisandro llegó a quinto año en la escuela, ya nada importaba más que el ingreso a la casa de estudios fundada en 1891. Como si se tratara de un atleta olímpico, el adolescente llevaba 4 años preparándose para ese momento y finalmente llegaba la hora de la verdad.

A los 14, tras una charla con un conocido que estudiaba en Stanford, Lisandro comenzó su sueño.

A los 14, tras una charla con un conocido que estudiaba en Stanford, Lisandro comenzó su sueño.

“Fue engorroso“, describe sobre las etapas que debió superar y agrega que lo primero que debió hacer fue investigar qué carrera quería estudiar: “Se llama Simbolic Systems, mezcla computación y neurociencias”. Llegó allí porque “yo ya venía trabajando en el último tiempo en esos campos”.

¿De qué habla Lisandro? De Lecto, una app para ayudar a personas con dislexia, que él y otros tres amigos del colegio empezaron a desarrollar a los 15 años, como uno de los proyectos escolares. Surgió como una ayuda para una compañera del curso que tenía dificultades y hoy, esa idea estudiantil tiene 10 mil usuarios de más de 50 países distintos, que la utilizan logrando que su vida sea un poco más sencilla.Lisandro Acuña junto a Fausto Fang, Gonzalo Díaz de Vivar y Ulises Lopez Pacholczak, con los que creó Lecto. Foto: Varkey Foundation.

Lisandro Acuña junto a Fausto Fang, Gonzalo Díaz de Vivar y Ulises Lopez Pacholczak, con los que creó Lecto. Foto: Varkey Foundation.

Ante el éxito de este trabajo, el chico fue contactado por investigadores en neurociencias: “Fui conociendo a psicopedagogos y neurocientíficos que les gustaba lo que hacíamos y lentamente me invitaron a distintos proyectos relacionados”. Hoy son tres las propuestas (relacionadas con dislexia y discalculia) que está llevando adelante de la mano de especialistas de distintas partes del planeta. “Es algo que me gusta mucho”.

Un líder del futuro

Aunque Lisandro se preparaba con mucha incertidumbre para cada etapa del ingreso a Stanford, sus amigos y conocidos ya sabían que él no tendría dificultades en ser aceptado. Es que los pergaminos le sobran. En 2020 fue representante de Argentina en el Mundial de matemática y el año pasado estuvo entre los finalistas para el premio Global Student Prize, que destaca a los mejores estudiantes del mundo.

Pero ojo que Acuña tiene muy claro que el estudio no es lo único importante y es por eso que dedica mucho tiempo a otras actividades recreativas: “Soy un poco hiperactivo, duermo poco y entreno rugby casi todos los días en el club Manuel Belgrano. Además de la programación me gusta leer, cocinar y andar en bici”.En 2020 fue representante de Argentina en el Mundial de matemática . Foto: Varkey Foundation.

En 2020 fue representante de Argentina en el Mundial de matemática . Foto: Varkey Foundation.

Todo esto, también fue valorado por la universidad: “En Stanford buscan más una figura de líder que alguien que se sabe todo. La filosofía es que las habilidades académicas se pueden aprender, pero hay cosas que son más innatas. Como la personalidad, algo difícil de inculcar cuando ya sos un adulto”.

“Yo tuve que rendir exámenes y me fue bien, pero lo definitivo es cómo sos como persona. Qué proyectos hacés, qué cosas te apasionan, qué venís haciendo en los últimos años y qué cosas hacés porque te gustan. Por eso el proceso es interesante y es amplio, vos podés hacer cosas bien o mal pero después cuando te preguntan qué te apasiona no hay una respuesta, tenés que hablar de tu vida”.

Lisandro presentó ensayos contando su historia, sus logros con Lecto y sus gustos y, superada esa etapa, tuvo una videollamada con un ex alumno. “Me tocó con uno que es argentino. En teoría duraba 45 minutos y terminó durando una hora y cuarto. Le caí bien y un mes después ya me llegó la respuesta de Stanford”.

-¿Qué fue lo peor de la espera?

-Cuando entregué. Tenía todo listo una semana antes, pero lo entregué el último día porque revisé un montón. De hecho entregué y me quedó la duda de un ensayo y al otro día ya tenía 10 cosas que hubiera cambiado. Me prohibí leer pero lo había trabajado tanto que me sigo acordando palabra por palabra, entonces fue un momento caótico.

-¿Cómo fue el momento en que viste la respuesta?

-Hay un sitio donde recibís los resultados, cada aspirante tiene su acceso. Yo chequeaba y me decía que todavía no había novedades. Hasta que por redes anunciaron que el 15 de diciembre, a las 21 de horario argentino, sería el anuncio. Ese día ya desde las 9 de la mañana yo ya estaba re obsesionado.

El día más largo de la vida de Lisandro había pasado. El reloj marcaba las 9 de la noche, era el momento de ver el resultado. El estudiante había solo aceptó que dos personas estuvieran en su habitación en ese momento: su hermana y su amigo Gonzalo. El resto de la familia tenía que esperar afuera y evitar cualquier tipo de reacción o comentario.

“Entré a la página de la universidad y vi que ya estaba la respuesta final. Apreté para verla y me abrió un PDF. Lo primero que veías era la palabra ‘Congratulations’ y ahí ya me largué a llorar, me habían aceptado”. 

Lisandro festejando junto a su hermana y su amigo Gonzalo.

Lisandro festejando junto a su hermana y su amigo Gonzalo.

“Muchos pensaban que era obvio que iba a entrar, pero la verdad es que no es fácil. Menos cuando tenés que pedir 80 mil dólares por año para poder estudiar. Yo sabía que tenía chances pero no es que era algo seguro. Fue una locura”.

-¿Y qué pasaba si te rechazaban?

-Iba a estar muy triste durante mucho tiempo. Igual tenía plan b, me iba a poner a preparar el resto de las universidades. Yo sabía que también podía entrar a Harvard, pero mi universidad soñada era Stanford. Era un sueño desde los 14, este era el sueño de toda mi vida.

Después de tanto trabajo y nerviosismo, Lisandro tiene un buen tiempo para descansar antes del inicio del ciclo en agosto. Pero mientras tanto no se va a quedar para nada quieto: “Ahora corto con vos y hablo con el CEO de una empresa que me interesa mucho. También voy a dar clases en ORT como una forma de devolver lo que me dieron”.

ORGULLO ARGENTINO
Un argentino de 18 años ganó las Olimpiadas Internacionales de Química

París fue la sede de la edición 51 de las Olimpiadas Internacionales de Química y la Argentina tuvo a tres representantes, de los cuales dos lograron volver al país con medallas. Tobías Viola Aprea terminó en el puesto 105, por lo que se adjudicó la de bronce, y Nicolás Manno obtuvo la posición 15, por lo que logró el oro.

La conquista de los representantes nacionales es aún más meritoria si se tiene en cuenta que participaron 578 jóvenes de todo el planeta en la competencia, que está dirigida a estudiantes de colegios secundarios y es parte del calendario de las Olimpiadas de Ciencias.

Nicolás Manno, el oro argentino en Francia, tiene 18 años. En diálogo con TN resaltó que meterse entre los mejores del mundo “fue bastante difícil” y que tanto él como su familia lo vivieron “con mucha alegría”. “No creía que fuera a ganar“, resaltó, visiblemente orgulloso por su triunfo en el certamen, que se lleva celebra desde 1968.

Sobre la preparación que tuvo para participar y las clasificaciones a nivel local, recordó: “En el bloque de la Olimpiada Nacional uno primero tiene que pasar cuatro pruebas. Después, la última instancia fue en Córdoba y me enfrenté ante los mejores en una quinta prueba, en la Facultad de Exactas. Ahí quedó seleccionado el equipo argentino”.

Manno cursa el sexto año en la Escuena N° 27 “Hipólito Yrigoyen” en el barrio porteño de Monte Castro y consiguió el oro para el país después de nueve años. Ya había participado en la edición de 2018, en la que logró el bronce. “La medalla fue una forma de devolverle algo a todos aquellos que me apoyaron en esto. Fue también un gigante orgullo poder llevar la bandera argentina”, aseguró.

“Estamos bastante bien preparados, pero por un tema económico no podemos tener los mismos recursos que otros países. Igualmente se hace lo que se puede y más o menos la peleamos”, resaltó sobre los recursos de los argentinos que desean estudiar química. Y opinó que en “Europa es más fácil porque trabajan mucho con intercambios, a pesar de las barreras que genera el idioma”.

Los alumnos se prepararon para el certamen bajo la instrucción de Lorena Acebedo, docente de ciencias exactas en la Universidad de Buenos Aires. Como parte del reglamento, la mentora viajó con ellos y estuvo acompañándolos en la cumbre de ciencias.

Tobías Viola Aprea, que obtuvo la medalla de bronce, estudia en el Colegio Nacional Buenos Aires, mientras que el tercer argentino en viajar a París fue Alejandro Altamirano, del Instituto General San Martín de Rosario.

Fuente: Todo Noticias.