Más de 100.000 personas visitaron el santuario del Gauchito Gil en Corrientes

Cada 8 de enero centenares de miles de personas lo veneran en su santuario de la ciudad correntina de Mercedes, y su culto crece imparable a un siglo y medio de la muerte violenta e injusta que lo proyectó a la leyenda.

Un gauchillo, bandido rural y desertor, apresado y pasado a degüello sin juicio previo por una partida militar, protagoniza casi un siglo y medio después de su sangriento final el fenómeno de devoción popular pagana más potente de la Argentina. Tanto se arraigó y se extendió, que la iglesia Católica decidió acompañar, sin autorizarlo, el culto a quien el pueblo concibe milagroso e intercesor ante Dios.

Es el Gauchito Gil. La figura, celeste en la camisa y roja en la vincha, el pañuelo al cuello y la faja, se multiplica recortada sobre una cruz marrón en los altares que la creencia popular le levanta profusamente, especialmente en los barrios humildes y a la vera de las rutas. Las banderas rojas desplegadas al viento tornan inocultables los sitios de veneración, donde los devotos encienden velas rojas y dejan toda clase de objetos para cumplir la promesa por los favores sobrenaturales recibidos.

El fervor que despierta su imagen se expandió vorazmente en los últimos treinta años. Los especialistas lo atribuyen a dos fenómenos centrales. El primero, la difusión sobre ruedas de los camioneros de la ruta del Mercosur, que se rindieron a la devoción por el Gauchito Gil, y la concretaron en altares y ermitas a lo largo de las rutas argentinas. El otro, la crisis económica persistente que expulsó a los correntinos de su tierra y los empujó al Conurbano bonaerense, donde izaron en cada barrio las banderas rojas, emblemas de su pasión.