Zapla decide su futuro en una elección marcada por el desgaste dirigencial
Altos Hornos Zapla llega a una nueva elección en medio de una profunda crisis de credibilidad. no se discute solo quién va a conducir el club, sino si el club va a seguir prisionero de una dirigencia que acumula promesas incumplidas, fracasos deportivos y un modelo de gestión cerrado sobre sí mismo.
Finalmente se presentaron dos listas. por un lado, el oficialismo, encabezado por Daniel Fin, que pretende renovar su mandato como si nada hubiera pasado. como si los resultados estuvieran a la vista. como si el club no estuviera estancado desde hace años. como si los socios no hubieran visto cómo zapla perdió protagonismo, identidad y planificación.
Del otro lado, la lista Renovación Merengue, liderada por Antonio “Chequeño” Romero, que surge como respuesta al cansancio de una masa societaria que ya no compra el mismo discurso de siempre.
Ambas listas esperan su oficialización para competir el viernes 13 de febrero, día en el que también se realizará la asamblea ordinaria. ese día se presentarán los balances y la memoria institucional. justamente ahí está una de las grandes deudas del oficialismo: balances demorados, ejercicios pendientes y una transparencia que siempre se promete pero nunca termina de mostrarse con claridad.
Desde la actual conducción se afirma que “habrá caras nuevas”. pero la realidad es que los nombres clave siguen siendo los mismos. la renovación que anuncian es estética, no estructural. es cambiar piezas para que todo siga igual.
Según datos oficiales, solo 800 socios están habilitados para votar. una cifra baja para un club histórico. y como si fuera poco, las elecciones se programaron en pleno fin de semana de carnaval. una fecha que desalienta la participación y que, casualmente, beneficia a quien ya tiene el aparato armado.
La pregunta es tan incómoda como necesaria:
¿Por qué se elige una fecha que reduce la participación en lugar de fortalecer la democracia del club?
En los socios crece una sensación de hartazgo. se habla de crecimiento, pero no hay obras. se habla de proyecto, pero cada año se arranca de cero. se habla de orden, pero los resultados no aparecen. el club sigue viviendo de la improvisación, de las urgencias y de las excusas.
El contraste entre el relato y la realidad es brutal.
Discurso: “transparencia y gestión”.
Realidad: balances atrasados, planteles armados a las corridas y un club que no avanza.
Mientras tanto, Martín Martos intenta armar el zapla 2026 en medio de este desorden institucional. se definen nombres, se prueban jugadores, se suman jóvenes del sub 19. pero ningún proyecto deportivo puede crecer sobre una base dirigencial débil y cuestionada.
Continuarán durán, ávila, marcial y solís. virreyra es baja por lesión. hay negociaciones con tapia, rosales, garcía y carral. podrían volver torres, santillán y oquendo. vallejos suena para el arco. todo eso suena bien en los papeles. pero sin un club ordenado, todo es frágil.
Las elecciones del 13 de febrero definen mucho más que una comisión directiva. definen si zapla va a seguir en manos de una dirigencia que ya demostró no poder sacarlo adelante, o si se abre una oportunidad para cambiar el rumbo.
La asamblea será el momento de enfrentar el relato con los hechos.
las promesas con los resultados.
el marketing con la realidad.
Y la pregunta final no es agresiva, es honesta, es dolorosa y es necesaria:
¿Cuánto más va a tener que perder altos hornos zapla para que el oficialismo reconozca que su ciclo está agotado?
El club no necesita más excusas.
no necesita más continuidad vacía.
necesita cambio, transparencia y un proyecto real.
El 13 de febrero los socios no solo van a votar una lista.
van a decidir si siguen aceptando el fracaso como normalidad
o si se animan a recuperar un club que merece mucho más.



















