Ministros, funcionarios y dirigentes territoriales creen que no alcanza con los encuentros reservados para calmar la economía. La preocupación latente por el silencio de la vice sobre Silvina Batakis.
“¿De dónde salió eso? ¿Quién lo está diciendo? ¡Es una locura! Es dejárselas picando (a la oposición) porque van a decir que primero nos tenemos que poner de acuerdo nosotros. Y tienen razón”. Un alto funcionario del Gobierno se apuraba por intentar apagar las versiones que, al cabo de una jornada donde el dólar volvió a tomar impulso, desde un sector del oficialismo dejaban trascender respecto a la necesidad de convocar a un acuerdo con todo el arco político con el objetivo de calmar a los mercados.
Los rumores, que se gestaron a partir de que el gobernador bonaerense Axel Kicillof, siempre uno de los más combativos con Juntos por el Cambio, admitiera que el Gobierno necesita “ayuda de la oposición”, reabrieron el debate interno en el Frente de Todos respecto al funcionamiento en la cúpula.
El reclamo para que surjan desde allí “señales concretas” de unidad se repite cada vez más entre los funcionarios con cierta capacidad de abstracción del pensamiento y opinión de sus jefes.
En alerta por la crisis, sólo los habitualmente más fanáticos se mantienen imperturbables: hoy la mayoría opta por evitar repartir culpas hacia el otro bando de la coalición. “No es momento de internas, es momento de apoyar y tirar todos para el mismo lado”, planteó a Clarín un funcionario que hasta hace poco se deshacía en críticas a la vice. Desde el kirchnerismo la postura es similar respecto a Alberto.
Tras el reencuentro de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que no redundó aún en una foto de unidad, el hermetismo en torno a las reuniones fue creciendo. Sobre todo porque, por estricta exigencia de la vice, su contenido no se filtró como en otras ocasiones. Y porque el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, el otro participante de esa mesa, tampoco da demasiadas señales: cuentan opositores que lo frecuentan que en sus habituales charlas institucionales -y subterráneas- con el tigrense no logran descifrar qué pasa en la cúpula del poder. “A veces parece que está todo bien y que ya cerraron (acordaron) porque se la vieron negra y a veces parece que está todo roto”, contó un interlocutor opositor.
