La vida del “Gringo”, Héctor Ártico es todo un ejemplo para quienes tienen muchas ganas de aprender. El “Gringo”fue elegido por Labruna para pasar al Millonario. Dejó su querido Talleres de Córdoba junto a Pablo Comelles, en el pase más marketinero de los años 70.
A pesar de que en su exitosa carrera futbolística ganó muchísimo dinero, las cosas de la vida lo llevaron a perder los siete departamentos que había comprado para dedicarse al negocio inmobiliario y hoy para vivir trabaja de remisero.
En la actualidad cerró un círculo, dado que otra vez vovlió en su tierra. Luego de su paso como jugador intentó mantenerse con distintas inversiones. Desde gastronomía a renta inmobiliaria: “Tuve un negocio de comidas que estaba muy bien ubicado, a cuatro cuadras de La Rural en Palermo y había hecho interesantes inversiones, al punto que llegué a tener siete departamentos en la zona de Belgrano.
El tema se complicó cuando a mi papá, que me había cuidado y aconsejado mucho, le detectaron un cáncer y yo quería que lo atendieran los mejores médicos. Fue un tratamiento muy caro, que duró tres años y para ello vendí 4 de las 7 propiedades que tenia.

Las otras tres se las quedó la que era mi pareja de ese momento, que, de un día para el otro, decidió terminar la relación y hasta cambió la cerradura de la casa donde vivíamos. Fue un momento muy duro, pero salí adelante con trabajo.
Al poco tiempo comencé a manejar un remise, primero en Buenos Aires y actualmente es lo mismo que hago acá en Colonia Caroya, con una situación muy particular. Un día me vine para pasear, me encontré con unos amigos, fuimos a un asado y allí conocí a un hombre que necesitaba un chofer para llevar y traer motores. Entonces me quedé acá e hice eso hasta la pandemia y ahora sigo con el remise”.
En su paso de casi tres años por River, el Gringo jugó al lado de Roberto Perfumo, conformando una sólida dupla: “De él aprendí muchísimo en varios sentidos. Yo pegaba una patada y me sacaba amarilla. Roberto daba cinco, lo miraba fijo al referí y jamás lo amonestaban. Una personalidad inmensa. Era un grande de verdad. Después peleamos el puesto con Passarella, porque él no quería actuar como lateral izquierdo, que es la posición en la que había llegado al club. Con el paso del tiempo, se afirmó como marcador central”.
Ártico remarca orgullosamente que trabaja los siete días de la semana, pero el fútbol sigue corriendo por sus venas, mirando por televisión la mayor cantidad de partidos posibles. El hincha de Talleres mantiene el agradecimiento: “Me siguen recordando hasta el día de hoy. Siempre mencionan aquella transferencia junto a Comelles, donde nos vendieron muy bien y el club aprovechó para muchas cosas”. El Gringo Ártico era una garantía de solidez en el fondo de cualquier defensa, gracias a su personalidad. La misma que se mantiene inalterable y nos permitió conocer a un personaje espectacular de nuestro querido fútbol argentino.
