Millones de personas en todo el mundo, vibraron al compas de un partido que hizo historia. El País entero se paralizó y cuando apenas faltaban minutos para que nos quedáramos fuera del mundial, nuestro tata “DIOS” inclino la cancha para nuestro lado, ilumino a Rojo y el milagro se hizo realidad.

Listo Señores, la argentina no solo pasó a octavos, sino que también demostró que le guste a quien le guste, la Selección argentina fue, es y será Messidependiente.
Lo fue en el camino que la depositó en el Mundial, lo fue cada vez que no pudo disimular su ausencia y volvió a serlo en San Petersburgo, la tarde en la que renacieron las esperanzas, si no de ser campeones del mundo, al menos de no volvernos vacíos y antes de tiempo.

Lionel Messi fue el eje en el que se apoyó al estructura argentina a lo largo de los 45 iniciales. Verlo aparecer por TV en la ceremonia de los Himnos invitaba a pensar que algo bueno podía ocurrir. De aquel intento de taparse la cara con la mano, entre incómodo y abrumado por el compromiso, en la previa a Croacia, se pasó a un Messi algo rígido, pero probablemente concentrado en lo que vendría.
Ya en juego, el capitán fue el factor exclusivo de desequilibrio. Volcado por derecha, en la misma posición en la que tantas tardes deleitó a los hinchas del Barça como parte del tridente con Suárez y Neymar, igual que antes con Guardiola, Leo se ofreció como gestor de cada avance. A los 6 encaró entre tres nigerianos y fue detenido con falta. Algo bueno estaba por pasar…

Y pasó a los 14. Cuentan que en los días previos el capitán alzó la voz para decir que era Ever Banega quien mejor le acercaba la pelota. Un pelotazo del exBoca lo puso a picar apareado con un zaguero. Messi sabía lo que iba a hacer probablemente antes de recibir. La cruzó de derecha y 1-0.
¿Algo más? Fue clave por lo que jugó, por lo que obligó y contagió. Como suele suceder cuando anda encendido, generó tanta preocupación en el rival que anduvo más holgado el resto del equipo. Y a los 32, un maravilloso tiro libre rebotó en el palo izquierdo de un arquero de nuevo sorprendido,.
El mismo hombre que contra Islandia erró un penal y un zurdazo que normalmente acierta, el mismo al que se extrañó tanto frente a Croacia, apareció en toda su dimensión en ese notable primer tiempo.
Pero hay un elemento más para entender la Messidependencia. El peor de todos: Messi no es zaguero, ni volante central, ni descarga para el propio Messi. Messi hay uno solo. Y como nunca se consiguió armar un esquema que lo contenga, que le dé opciones, que sepa disimular aunque sea en parte sus lagunas e imperfecciones, bastará que Nigeria empate, y que lleguen los nervios, para que la dependencia sea absoluta.
Fuente: Infobae
